Muerte

Muerte no es un dios funerario ni un guardián del más allá. No acompaña almas ni ofrece descanso, eso se lo deja a los autoproclamados dioses de la muerte. Muerte es el final sin significado. El punto en el que algo se apaga y no deja nada detrás. Cuando influye, la muerte deja de ser épica, justa o necesaria. Simplemente ocurre.

Su huella se nota cuando los sacrificios pierden valor. Héroes que mueren sin cambiar nada. Villanos que caen y son reemplazados sin consecuencias. Resurrecciones que fallan, o peor, que devuelven algo vacío. Muerte erosiona la idea de que la vida, o la lucha, tenga un propósito final.

Por eso es especialmente temida por los dioses. Muchos panteones viven del ciclo, muerte, fe, trascendencia. Muerte rompe ese ciclo. No roba almas. Apaga la chispa. Y cuando lo hace a gran escala, incluso los inmortales empiezan a sentir miedo, no por morir, porque se sienten irrelevantes.

Muerte al final es la parte del ciclo que siempre esta, y cuando algo que va a nacer necesita espacio Muerte aparece para dárselo. Es el mal necesario para la renovación.