Las Guerras Gamadas

Las Guerras Gamadas fueron un conflicto oculto y prolongado que tuvo su origen ideológico en el mito del triunfo de la raza aria y que alcanzó su punto álgido durante la Segunda Guerra Mundial aunque no terminó con la derrota del Tercer Reich. Lejos de desaparecer el conflicto continuó durante décadas como una guerra silenciosa librada fuera de los frentes oficiales y del conocimiento público en la que distintos estados organizaciones clandestinas y élites ideológicas persiguieron la creación de un nuevo ser humano superior.

Este enfrentamiento se desarrolló a través de dos vertientes principales que en ocasiones colaboraron y en otras compitieron entre sí pero que compartían un mismo objetivo final. La primera fue la vertiente mística y ocultista heredera de las sociedades esotéricas que influyeron en las altas esferas del régimen nazi. En este ámbito destacaron sociedades como la Thule y el Círculo del Nigalión, estos ultimos vinculados a Demencia y responsables de la creación de horrores arcanos y experimentos espirituales que desafiaban la propia naturaleza humana. En ese contexto Castáphilo se vinculó al Nacional Socialismo actuando como orientador de la sociedad Thule en materias ocultas aunque su colaboración fue en gran medida involuntaria y acabó arrastrándolo a los aspectos más oscuros y aberrantes de aquellas prácticas lejos de cualquier control o propósito que él mismo hubiera imaginado.

La segunda vertiente fue de carácter científico y experimental y resultó mucho más directa y brutal. En ella destacó el doctor Herman Meyer uno de los principales ideólogos de la creación artificial del superhombre y fundador del Escuadrón Blitzkrieg. Para Meyer la pureza racial no era una cuestión simbólica sino un problema técnico que podía resolverse mediante genética radiación cirugía extrema y condicionamiento psicológico. Durante la guerra estos proyectos se desarrollaron en campos de concentración y laboratorios secretos y tras ella sobrevivieron gracias a la huida de científicos la protección de regímenes autoritarios y el interés de potencias extranjeras que prefirieron aprovechar esos conocimientos antes que destruirlos.

Durante las décadas posteriores ambas vertientes continuaron avanzando en paralelo dejando tras de sí una estela de experimentos fallidos metahumanos inestables monstruos ocultos y organizaciones radicalizadas. Las Guerras Gamadas nunca fueron declaradas de forma oficial ni tuvieron un final claro. Se diluyeron en escándalos silenciados proyectos cancelados desapariciones inexplicables y episodios de violencia atribuidos a incidentes aislados.

Hoy se considera que buena parte de los horrores del mundo superhumano contemporáneo desde villanos surgidos de laboratorios clandestinos hasta grupos extremistas obsesionados con la genética o lo oculto son una herencia directa de aquellas guerras que nunca existieron sobre el papel pero que se libraron con absoluta ferocidad en las sombras de la historia.