Orden de San Jorge

“No odiamos al hombre que vuela, odiamos el caos que su sombra proyecta sobre el hombre que camina.” Máxima del Cónclave de la Orden.

La Orden de San Jorge hunde sus raíces en los siglos más oscuros de la Edad Media, naciendo como una respuesta desesperada de la fe ante la irrupción de lo que sus crónicas denominaban “dragones”. Bajo este término, la Orden catalogaba tanto a los primeros metahumanos como a las entidades demoníacas que lograban cruzar desde el reino de Nigalión. Con la llegada de la Ilustración y el auge del racionalismo, la organización se vio obligada a sumergirse en la más absoluta clandestinidad para eludir el escrutinio de los gobiernos modernos, operando desde las sombras de la Iglesia.

Sin embargo, el actual estallido de la población metahumana en Tierra Zero y las crecientes injerencias de Nigalión han provocado su reactivación total. Para el Cónclave, el nacimiento masivo de individuos con poderes no es un paso evolutivo, sino la rotura de los sellos ancestrales que mantenían el equilibrio dimensional. Lo que durante siglos fue una vigilancia pasiva se ha transformado hoy en una guerra santa, invisible para una opinión pública que ignora cuán cerca está el abismo.

ESTRUCTURA Y GRUPOS INTERNOS

El gobierno de la organización recae en el Cónclave de los Doce, un consejo hermético de altos prelados y estrategas militares que coordinan sus operaciones desde el Archivo del Silencio, un búnker inexpugnable oculto bajo los cimientos del Vaticano. La operatividad de la Orden se divide en dos ramas estancas para garantizar la seguridad de sus secretos. Por un lado, la rama civil, denominada los Custodios, está compuesta por especialistas tácticos de élite que gestionan las amenazas metahumanas convencionales, principalmente mutantes y humanos alterados que ponen en riesgo el statu quo.

Por otro lado, la rama eclesiástica, conocida como los Inquisidores, se dedica exclusivamente a lo sobrenatural y lo arcano. Dentro de esta rama destaca la Escuadra Ascalón, una unidad de intervención rápida cuya misión prioritaria es la recuperación de reliquias de poder. En la actualidad, todos sus recursos están volcados en localizar a la heroína Dragona, con el único fin de despojarla de la armadura y la espada de Drac, objetos que consideran propiedad divina.

MODUS OPERANDI

La Orden no reconoce conceptos como la justicia civil o los derechos humanos, su único fin es la preservación de la normalidad a cualquier precio. Su metodología se basa en la supresión absoluta y el borrado de rastro. Cuando los Custodios detectan a un metahumano, despliegan tecnología de inhibición de poderes para neutralizar sus capacidades de forma quirúrgica.

Si la amenaza proviene de una entidad de Nigalión, los Inquisidores emplean rituales de sellado y armas consagradas con tecnología mística para expulsar al invasor de nuestra realidad. Tras la captura, los sujetos son trasladados a prisiones de alto secreto. Para la Orden, el éxito de una misión se mide por la capacidad de hacer que la anomalía parezca que nunca existió.

LOCALIZACIONES RELEVANTES

Además del mencionado Archivo del Silencio en el Vaticano, donde se custodian fragmentos de tecnología hiboria y textos prohibidos, la Orden opera a través de los Santuarios Negros. El más célebre y temido es el Monasterio de San Jorge, una fortaleza camuflada en los picos más inaccesibles de los Pirineos que sirve como centro de detención definitivo para aquellos metahumanos considerados “irreparables” o excesivamente peligrosos. En el entorno urbano, la Orden utiliza una red de parroquias y pisos francos en ciudades estratégicas. Estas bases operativas permiten a los Custodios monitorizar las actividades metahumanas y actuar antes de que cualquier incidente trascienda a los medios de comunicación.

RELACIONES CON OTRAS FACCIONES

La Orden de San Jorge observa el tablero de Tierra Zero con un recelo absoluto. Mantienen una alianza de conveniencia, gélida y pragmática, con los Carbonari, respetan su discreción, pero desprecian su enfoque secular, considerándolos ciegos ante la verdadera naturaleza espiritual del conflicto con Nigalión. Su hostilidad hacia Umbra Enterprises es frontal, pues ven en sus investigaciones una forma de tecnomancia blasfema que debilita las barreras de nuestra realidad. Respecto a la Alianza, la Orden la define como una congregación de falsos profetas cuya mera existencia es una provocación para las huestes infernales. Sin embargo, su conflicto más encarnizado es contra Dragona, a quien consideran una usurpadora de un legado sagrado que solo puede estar a salvo bajo la custodia del Cónclave.