La Dama Blanca de San Pedro de Arlanza

Un pastor asegura haber conversado durante horas con una misteriosa mujer aparecida entre las ruinas del monasterio

HORTIGÜELA.
La noche del pasado 25 de mayo tuvo lugar, según numerosos rumores que desde entonces recorren toda la comarca del Arlanza, un extraño episodio en las ruinas del antiguo monasterio de San Pedro de Arlanza, lugar sobre el que desde hace siglos pesan no pocas supersticiones y relatos difíciles de explicar.

El protagonista de los hechos es Julián Ortega, pastor de treinta y seis años, vecino de Hortigüela, hombre sobrio, conocido en la zona y al que quienes lo tratan describen como persona tranquila y poco dada a exageraciones. Su relato, sin embargo, ha provocado una mezcla de inquietud y fascinación entre los habitantes de los pueblos cercanos.

Según declaró a este periódico, Julián se encontraba aquella noche buscando una oveja descarriada en las inmediaciones del monasterio cuando divisó una figura femenina entre los restos del viejo claustro.

Afirma que al principio pensó que podía tratarse de alguna muchacha extraviada o quizá de una viajera, aunque enseguida comprendió que había algo profundamente extraño en aquella mujer.

“La vi de pie, muy quieta, junto a una arcada caída”, explica. “Vestía completamente de blanco. Pero no era una ropa de ahora. Parecía otra cosa… muy fina, muy antigua. Y ella… Dios me perdone… era hermosa como no he visto mujer igual.”

Julián asegura que la desconocida hablaba un castellano correcto aunque arcaico, utilizando palabras y expresiones impropias de esta época. No parecía comprender muchas referencias modernas y, según él, mostró una preocupación constante por los acontecimientos recientes del país.

“Me preguntó varias veces por las guerras, por quién gobernaba Castilla y por qué veía tanta inquietud en los caminos”, relata el pastor. “Cuando le hablé de los disturbios, de las huelgas y de los enfrentamientos que hay ahora en tantas ciudades, se puso muy triste.”

Según su testimonio, la mujer parecía especialmente alterada al escuchar noticias sobre incendios de iglesias y la creciente tensión política que vive España desde hace meses.

“Dijo algo así como que los hombres vuelven siempre a abrir las mismas heridas.”

El pastor sostiene que ambos permanecieron conversando durante buena parte de la noche junto a las ruinas del monasterio. Compartieron pan, un trozo de queso y vino de la bota que Julián llevaba consigo. La mujer, según dice, comía despacio y observaba todo con una curiosidad extraña, casi melancólica.

“Miraba el monasterio como quien recuerda una casa perdida.”

Poco antes del amanecer, según cuenta Julián Ortega, la mujer se levantó y caminó lentamente hacia el interior de las ruinas cubiertas por la niebla. Él asegura haberla seguido apenas unos segundos después, sin encontrar ya rastro alguno de ella.

“No había nadie. Ni pasos. Ni huellas. Como si jamás hubiera estado allí.”

La historia ha despertado inevitablemente antiguos relatos populares sobre apariciones en San Pedro de Arlanza. Algunos ancianos de la comarca recuerdan haber oído hablar desde niños de una “dama blanca” vinculada al monasterio, una figura silenciosa que aparecería en tiempos de desgracia o agitación para Castilla.

Naturalmente, no faltan quienes atribuyen todo el asunto al cansancio, la oscuridad o la imaginación exaltada del pastor.

Pero desde la noche del 25 de mayo son muchos los vecinos que evitan acercarse solos a las ruinas después del anochecer. Y no pocos aseguran que, algunas madrugadas, entre las piedras viejas del monasterio todavía parece verse una figura blanca caminando lentamente bajo la luna.

Publicado en El Castellano - Diario independiente de Burgos, 30 de Mayo de 1936, Por nuestro corresponsal en Hortigüela.