Dos cruces y ningún milagro
La ciudad ha amanecido hoy con ese silencio espeso que no figura en los calendarios litúrgicos pero que cualquiera reconoce cuando algo no encaja del todo, como si las campanas hubieran sonado un poco antes o un poco después de lo debido, dejando en el aire una sensación difícil de precisar y aún más de explicar.
En plena madrugada de este Viernes Santo, cuando Valladolid debería debatirse entre la vigilia y la costumbre, han sido hallados dos cuerpos en circunstancias que, por su naturaleza y su escenario, exceden con mucho el ámbito de la crónica ordinaria, obligando a mirar no solo lo sucedido, sino también y quizá con mayor inquietud, el lugar y el momento en que ha decidido mostrarse.