El Carnicero llego con la factura
Hay deudas que no se pagan con oro, sino con el alma y cuando el acreedor es un cataclismo con rostro de padre renacido, ni siquiera los dioses pueden permitirse el lujo de la dignidad. Alonso Palau-Ribera nos ofrece este descarnado relato sobre el fin de una era, donde la bajeza de unos y el sacrificio suicida de otros dibujan el mapa de un mundo divino que, tras jugar a ser eterno, acabó descubriendo que no era más que carne de cañón para el olvido.