Nigalión
Nigalión es una esfera corrupta, una realidad paralela, formada casi por completo por energía oscura. A diferencia de otros reinos vagamente conocidos como Avalon o la Isla del Verano, Nigalión representa la vertiente más peligrosa y destructiva de la Manifestación. Es un plano inestable, donde la magia no se manifiesta como creación o armonía, sino como oscuridad viva, entropía, locura y poder sin control.
Para La Alianza y para la mayoría de comunidades arcanas organizadas, Nigalión es la mayor amenaza interdimensional conocida. No solo por lo que es, sino por lo que genera. De allí proceden entidades malignas que buscan atravesar los santuarios de Tierra Zero para extender su influencia y abrir grietas permanentes entre planos.
La naturaleza del plano es difícil de describir con términos humanos. En Nigalión la realidad física apenas existe como tal. La materia se comporta como energía oscura condensada, el espacio se retuerce de forma imprevisible y la magia lo impregna todo, adoptando formas de sombras, ecos persistentes y tormentas arcanas que reaccionan al entorno.
Es un plano nacido de la mas corrupta esencia de Entropia, incompatible con la lógica humana. Allí, pensamiento, voluntad y miedo no son estados mentales, sino fuerzas que pueden adquirir forma física. No es un infierno en el sentido clásico, pero muchos de sus habitantes y fenómenos se parecen demasiado a lo que distintas culturas han descrito como tal.
Nigalión alberga una gran variedad de entidades hostiles. Sombras vivientes, criaturas que se alimentan de energía emocional, depredadores que imitan formas humanas para confundir o atraer, y demonios cuyo objetivo principal es infiltrarse en otros planos. La mayoría de estos seres solo pueden manifestarse de forma parcial en Tierra Zero, pero cuando logran establecer un anclaje sólido, una torre, un portal estable o un santuario debilitado, las consecuencias suelen ser catastróficas.
La relación entre Nigalión y Tierra Zero se articula principalmente a través de las conocidas como Siete Torres del Mal. Cada una de estas torres tiene una contraparte o reflejo en Nigalión, funcionando como puntos de resonancia entre ambos planos. A través de ellas fluye de manera constante energía oscura, y si una torre cae o se corrompe, la región asociada queda expuesta a incursiones directas.
Por este motivo, La Alianza dedica enormes recursos a mantener estas torres selladas, vigiladas o neutralizadas. No se trata solo de impedir invasiones, sino de contener un equilibrio extremadamente frágil.
Entrar en Nigalión es, sencillamente, jugarse algo más que la vida. El plano distorsiona la mente, altera la percepción del tiempo y reacciona de forma directa a las emociones del visitante. El miedo, la rabia o la duda no pasan desapercibidos; el propio entorno puede amplificarlos y devolverlos en forma de ataques, visiones o fragmentación del cuerpo y el alma.
Incluso aquellos que han logrado regresar rara vez vuelven intactos. Algunos regresan cambiados, otros incompletos, y muchos no regresan en absoluto. Casos como los de los metahumanos Fiebre o Gargantua figuran en los archivos como desaparecidos tras cruzar el umbral, sin pruebas concluyentes de su destino final.
Desde un punto de vista estratégico, Nigalión es considerado por La Alianza como su enemigo principal. Es el origen de numerosos desastres mágicos documentados y la razón última de gran parte de su estructura de vigilancia global. Reforzar barreras dimensionales, custodiar torres y lugares de poder, prevenir rituales de apertura y combatir cultos o grupos colaboracionistas son prioridades que existen, en última instancia, por la amenaza constante que representa este plano.
En la actualidad, Nigalión sigue siendo un plano activo, hostil y bajo observación permanente. La lucha contra su influencia no es abierta ni espectacular; es continua, silenciosa y nunca puede darse por completamente ganada.