El Profesor
Ernest Stalos
Ernest Stalos nació en Atenas en 1961, hijo de un profesor de historia clásica y una traductora especializada en textos bizantinos. Creció rodeado de libros, discusiones intelectuales y una exigencia constante por destacar académicamente. Desde muy pequeño resultó evidente que era distinto a los demás niños de su entorno. Aprendía demasiado rápido, retenía información con una facilidad inquietante y tenía una forma de observar a las personas que muchos describían como incómoda, casi clínica. Mientras otros chicos jugaban en la calle, Ernest pasaba horas encerrado leyendo filosofía, neurología o tratados antiguos sobre la naturaleza de la conciencia y la percepción humana.
Durante la adolescencia desarrolló una obsesión cada vez más marcada por una idea concreta, la mente humana estaba incompleta. En sus cuadernos personales, encontrados años después, ya aparecían referencias constantes a estados superiores de conciencia, inteligencias no humanas y teorías sobre la posibilidad de que la evolución de la humanidad hubiese sido “interrumpida” o manipulada siglos atrás. Para muchos aquello no dejaban de ser extravagancias académicas de un joven brillante incapaz de relacionarse con normalidad. El problema fue que Ernest empezó a creérselo de verdad.
Se doctoró siendo extraordinariamente joven y acabó dando clases en la Universidad de Atenas, especializado en epistemología y filosofía de la mente. Sus alumnos todavía recuerdan sus clases como algo fuera de lo habitual. Tenía una manera casi hipnótica de hablar, tranquila y precisa, que conseguía mantener a un aula entera en silencio durante horas. No levantaba la voz ni necesitaba hacerlo. Había algo en él que imponía atención de forma natural. Aun así, fuera del entorno académico, su vida era prácticamente inexistente. Apenas mantenía relaciones personales y cada año se iba aislando más dentro de sus propias investigaciones.
A comienzos de los noventa empezó a interesarse obsesivamente por informes sobre fenómenos psiónicos, experiencias cercanas al contacto extraterrestre y antiguos relatos religiosos relacionados con seres descendidos de las estrellas. Pasaba temporadas enteras viajando, consultando bibliotecas privadas o reuniéndose con grupos esotéricos a los que inicialmente despreciaba, aunque terminó utilizándolos como fuentes de información. Algunos compañeros de universidad llegaron a preocuparse por su estado mental. Había adelgazado muchísimo, dormía poco y parecía vivir permanentemente agotado, como si su mente estuviera funcionando a una velocidad que su propio cuerpo ya no podía soportar.
Todo terminó de romperse en el verano de 1996. Durante un viaje por el norte de Grecia desapareció durante cuatro días. La policía llegó a abrir una búsqueda breve pensando que había sufrido algún accidente en la montaña, aunque Ernest reapareció por su cuenta, desorientado y en un estado físico lamentable. Lo que contó después acabó destruyendo definitivamente su reputación académica.
Aseguró haber sido secuestrado por entidades no humanas. Describía habitaciones metálicas sin juntas visibles, luces que parecían moverse dentro de las paredes y voces capaces de hablar directamente dentro de su cabeza. Según él, aquellas entidades habían realizado experimentos sobre su cerebro mientras permanecía consciente, mostrándole imágenes imposibles de interpretar y conceptos que ni siquiera era capaz de expresar correctamente después. La universidad intentó apartarlo discretamente al principio, esperando que todo quedase como una crisis psicológica temporal, pero Ernest empezó a deteriorarse de manera alarmante.
Sufría migrañas constantes, episodios de paranoia y pérdidas de memoria cada vez más graves. A veces se quedaba inmóvil en mitad de una conversación como si escuchase algo que nadie más podía oír. Lo inquietante fue descubrir que alrededor de él empezaban a ocurrir fenómenos imposibles de explicar racionalmente. Objetos desplazándose solos. Equipos electrónicos que dejaban de funcionar cuando se alteraba emocionalmente. Personas que sufrían hemorragias nasales o ataques de ansiedad después de discutir con él. Finalmente, durante una reunión universitaria especialmente tensa, uno de sus compañeros fue lanzado violentamente contra una pared sin que nadie llegase a tocarlo.
Aquello acabó con cualquier posibilidad de seguir ocultando el caso. Las autoridades lo clasificaron oficialmente como un mutante accidental, aunque muchos de los implicados en la investigación nunca quedaron satisfechos con esa explicación. Ernest perdió su puesto, desapareció de la vida pública y durante varios años se movió entre Grecia, Serbia, Rumanía y distintos países de Europa del Este utilizando identidades falsas. Fue en esa época cuando empezó a ser conocido simplemente como “El Profesor”.
Su manera de actuar nunca fue especialmente visible. No buscaba poder político ni grandes organizaciones criminales. Prefería detectar personas vulnerables, metahumanos resentidos o individuos psicológicamente inestables y moldearlos lentamente. Algunos acababan radicalizándose. Otros terminaban cometiendo atentados, asesinatos o actos violentos aparentemente inconexos. Durante mucho tiempo nadie vio el patrón completo porque Stalos rara vez permanecía demasiado tiempo en el mismo lugar. Aparecía, hablaba con la gente adecuada y desaparecía dejando detrás una sensación extraña, como si hubiese empujado pequeñas grietas dentro de la mente de quienes se cruzaban con él.
Su captura tuvo lugar años después en Rumanía, tras un incidente todavía parcialmente clasificado en el que varios agentes murieron durante un interrogatorio cuando toda una instalación sufrió un colapso psíquico colectivo. Algunos supervivientes hablaron de voces dentro de sus cabezas y episodios de paranoia extrema minutos antes de que los sistemas de seguridad fallaran simultáneamente. Ernest fue trasladado a Aqera, la prisión de máxima seguridad para superseres considerada imposible de vulnerar.
Ni siquiera allí permaneció demasiado tiempo. La fuga continúa siendo uno de los episodios más oscuros y vergonzosos de la historia reciente europea. Hubo apagones, motines y asesinatos entre internos y guardias antes de que El Profesor desapareciera sin dejar rastro. Las versiones oficiales nunca terminaron de coincidir y varios documentos relacionados con el incidente siguen desaparecidos a día de hoy.
Desde entonces nadie ha logrado localizarlo de forma definitiva. Sin embargo, su influencia sigue apareciendo una y otra vez en pequeños grupos, cultos conspirativos y metahumanos obsesionados con la idea de que la humanidad está a las puertas de una nueva evolución mental. Y siempre, detrás de esos casos, acaba surgiendo la misma descripción.
Un hombre tranquilo. Delgado. Educado.