Julián Provencio
Julián Provencio es un liberado cuya existencia está marcada por las memorias de vidas pasadas. No las recuerda como relatos completos, sino como fragmentos, sensaciones y escenas que emergen sin aviso. Son ecos de otras épocas, de decisiones tomadas y errores cometidos, y con el tiempo le han otorgado una comprensión profunda del delicado equilibrio entre la luz y la sombra.
Sigue la senda de Equidad no como una fe ciega, sino como una necesidad. Para él, el equilibrio no es un estado fijo ni una meta alcanzable de una vez por todas. Es un proceso continuo, frágil, siempre amenazado por el exceso de orden y por el desbordamiento del caos. A través de los recuerdos de sus otras vidas ha sido testigo de injusticias que dejaron cicatrices incluso en su alma inmortal. Guerras evitables, castigos desproporcionados, sacrificios impuestos en nombre de supuestos bienes mayores. Nada de eso se borró con el paso del tiempo.
Esas visiones moldearon su forma de entender el mundo. Julián no huye del sufrimiento ni pretende negarlo. Lo observa, lo acepta y trata de transformarlo en algo útil. Para él, el dolor puede convertirse en un catalizador que empuje hacia la equidad, siempre que se encauce con decisión y propósito. Sin embargo, sabe que no todo puede resolverse con palabras o comprensión.
Por eso no rechaza la venganza cuando la considera necesaria. La ve como una herramienta para corregir agravios que nunca debieron quedar impunes. No disfruta con ella, pero tampoco la evita. Al mismo tiempo, ofrece redención a quienes caminan a su lado. A sus aliados no les exige pureza ni pasados intachables. Les ofrece una oportunidad para dar sentido a lo que han vivido, para poner su rabia, su culpa o su pérdida al servicio de algo que los trascienda.
Desde su despertar como liberado, Julián abandonó la vida que conocía. Dejó atrás familia, amistades y cualquier intento de normalidad. No fue una decisión impulsiva, sino una renuncia consciente. Comprendió que no podía seguir fingiendo que era una sola persona cuando llevaba muchas dentro. Eligió un camino solitario, dedicado a perseguir ese equilibrio que sabe inalcanzable pero necesario.
Hoy se mueve entre sombras, reuniendo a otros como él. No promete salvación ni finales felices. Solo ofrece una causa, una dirección y la posibilidad de que, esta vez, el peso de las decisiones sirva para inclinar la balanza…