La Luz de Cadollo
La Luz de Cadollo es un ente de luz oscura que encontró refugio en Nigalión tras ser desterrado de su plano de existencia original. En su mundo natal, todos los seres estaban formados por luz, pero la suya era distinta. No era más brillante ni más pura. Era una luz deformada, demasiado intensa, imposible de sostener con la mirada sin que algo se quebrara por dentro.
Quienes la contemplaban directamente en aquel plano perdían la razón. No de forma inmediata, sino progresiva. Primero llegaba la confusión, después la obsesión y, finalmente, la locura. Aquella luz no iluminaba, invadía. Era una manifestación directa de una psique caótica que no podía convivir con otras formas de existencia sin destruirlas.
Por ese motivo fue expulsado. No como castigo, sino como necesidad. Su mera presencia desestabilizaba a todo lo que lo rodeaba. En Nigalión encontró un lugar donde su naturaleza no solo era tolerada, sino útil. Allí su luz se convirtió en una herramienta.
Su influencia no actúa como un ataque frontal. Se extiende como una neblina imperceptible que se filtra en la mente de quienes se acercan demasiado. Ideas que no encajan, pensamientos que se repiten, recuerdos que se deforman. Poco a poco, la cordura se fragmenta y la voluntad se vuelve maleable. La Luz de Cadollo no obliga. Sugiere, distorsiona y empuja hasta que la mente cede por sí sola.
Este efecto lo convierte en un activo valioso para la Corte. Su presencia facilita la confusión, la desesperación y el caos necesarios para que los planes más oscuros se desarrollen sin resistencia organizada. Donde actúa Cadollo, la cohesión se rompe, la confianza se erosiona y los aliados comienzan a dudar unos de otros.
No necesita órdenes constantes ni supervisión directa. Basta con situarlo en el lugar adecuado y dejar que su luz haga el resto. Una luz que no guía, no protege y no salva. Solo descompone.