La Naga
Asha de Cindraor
Descripción
Asha tiene una presencia que se siente antes de verla. Es alta y atlética con una soltura al caminar que delata años de un control físico casi obsesivo. Su piel tiene un brillo cálido bajo la luz y lleva el cabello largo y castaño que parece marcar el compás de sus pasos. Lo que más detiene a la gente son sus ojos verdes de un tono esmeralda tan intenso que parece que están calculando el peso de tus secretos. Rara vez se permite un gesto exagerado y su rostro es un lago en calma aunque cuando sonríe lo hace con una honestidad breve y privada.
Incluso cuando no hace nada parece estar en movimiento. Hay una vibración en su postura y un equilibrio tan sólido que resulta intimidante para cualquiera que la observe de cerca.
Cuando el Kundalini despierta el cambio no es un truco de luces sino algo visceral. Su respiración se ensancha y su columna se curva en un latigazo lento con una ondulación que nace en la base de la espalda y trepa hasta la nuca. Se nota en su piel que se tensa como si algo vivo y eléctrico se deslizara bajo el tejido. En ese momento sus ojos se encienden y el aire a su alrededor se vuelve denso y pesado como si la realidad aguantara el aliento. No hay nada místico en ello porque es simplemente el cuerpo funcionando con una energía que la mayoría no podría soportar.
Interpretando a Asha
Asha es de esas personas que saben estar en silencio sin que resulte incómodo. Es tranquila, se queda en un segundo plano observando y prefiere escuchar mil veces antes que soltar una palabra de más. No es de las que saltan a la primera ni se deja llevar por un calentón. Ella respira, te cala con la mirada y actúa siempre desde un sitio muy templado, con todo medido al milímetro.
Tiene un don para leer a la gente solo con fijarse en cómo respiran o en la postura que ponen. No se mete a juzgar a nadie de entrada porque prefiere entender por qué hacen lo que hacen. A la hora de pelear es igual de limpia. Se mueve con una fluidez que da gusto verla, sin aspavientos, sin perder los estribos y sin gastar ni un gramo de energía de forma tonta. Tiene un autocontrol que parece de hierro.
Que sea reservada no significa que sea un témpano de hielo. Tiene una forma de empatizar muy suya, callada, y le sale de forma natural eso de proteger a los demás. A veces su propia seriedad da pie a situaciones con guasa porque se toma las bromas de forma literal o te contesta con una calma pasmosa en mitad del caos más absoluto. Lejos de dejarla en mal lugar, eso es precisamente lo que la hace parecer más humana.
Con los suyos tarda en soltarse pero cuando lo hace crea una piña de las buenas. Te enseña trucos, te corrige la postura para que respires mejor y se preocupa de verdad por cómo estás. Eso sí, si las cosas se ponen feas, es la primera en ponerse delante del peligro para que a sus compañeros no les roce ni el aire.
Nota para el Guionista: Uso del Chi (Kundalini)
El Chi de Asha no es magia. Es el límite absoluto de su control corporal, emocional y energético. Cuando activa su Kundalini puede:
Regla clave Multiplicar x10 el daño físico o multiplicar x10 el efecto de una habilidad general.
Ejemplos narrativos
- Acechar: movimiento completamente inaudible, prácticamente invisible.
- Saltar/Trepar: saltos y ascensos cercanos a lo sobrehumano.
- Investigar / Percepción: lectura corporal tan precisa que anticipa acciones.
- Influenciar: una frase corta que desarma emocionalmente o impone calma inmediata.
Transfondo
Asha nació en Valdoria cargando con un apellido que según muchos nunca debió ser el suyo. Los Cindraor siempre habían presumido de un linaje antiguo y prestigioso estrechamente vinculado a las artes místicas. De su casta surgían magos brillantes y custodios de secretos que permanecían ocultos bajo sellos milenarios. La magia corría por sus venas como si fuera parte misma de su sangre. En todos menos en ella.
Su nacimiento fue el fruto de una relación prohibida entre su padre el administrador del Tesoro y una cortesana de espíritu libre. Él aunque temeroso del escándalo decidió reconocerla convencido de que aquel era el camino más justo o al menos el menos dañino. Sin embargo dentro de los muros de la casa aquel gesto no se interpretó como un acto de justicia sino como un error que nadie estaba dispuesto a perdonar.
Su madrastra nunca llegó a aceptarla ni siquiera bajo la apariencia de una fría tolerancia. No profería reproches abiertos pero tampoco mostraba el menor afecto. Sus hermanas crecieron tratándola como a un elemento fuera de lugar una presencia incómoda que empañaba el nombre familiar sin necesidad de mediar palabra. Incluso los sirvientes la observaban con la cautela que se reserva para las grietas en los muros antiguos. No hacen ruido ni amenazan de inmediato pero todos saben que basta un mal momento para que la estructura comience a ceder.
Asha aprendió desde muy niña a sobrevivir interpretando gestos y anticipando estallidos emocionales en medio de silencios que se podían cortar. Su capacidad para descifrar a los demás no nació de la malicia sino de la pura necesidad de mantenerse íntegra.
El golpe definitivo llegó a los diez años durante el examen arcano que debían superar todos los que llevaran el apellido Cindraor. Nadie esperaba sorpresas aquel día puesto que el acto se consideraba un mero trámite para confirmar lo que la casa siempre había dado por sentado. Asha cumplió con cada indicación y repitió los rituales de memoria sin comprender del todo los símbolos que otros habían trazado antes que ella.
Cuando el ritual concluyó se hizo un silencio absoluto. Los magos evitaron su mirada y realizaron gestos innecesarios para ganar tiempo mientras el resultado se hacía evidente. Asha no poseía rastro alguno de magia. Nada.
No hubo recriminaciones ni grandes escenas pero el aire cambió de forma sutil. Las miradas dejaron de posarse en ella y la familia comenzó a tomar una distancia insalvable. Asha dejó de ser una hija difícil para convertirse en una anomalía que no encajaba en el linaje y que debía ser resuelta.
La propuesta de su madrastra llegó envuelta en palabras suaves. Sugirió que la Orden de las Nagas podría darle un propósito y que allí sabrían qué hacer con una niña de sus características. No se mencionó la palabra destierro ni se habló de vergüenza aunque ambos conceptos flotaban en la estancia.
Su padre aceptó sin oponer resistencia quizás por considerar que era una salida digna o simplemente porque necesitaba que el problema desapareciera de su vista. Asha no protestó. En aquel momento aún no alcanzaba a comprender la magnitud de la decisión pero fue consciente de que nadie se molestó en preguntarle qué deseaba.
Esa noche se hizo una promesa en la soledad de su alcoba. No sabía exactamente cómo la cumpliría pero juró que jamás permitiría que volvieran a romperla de aquella manera.
Entrada en la orden
Abandonó Valdoria sin despedidas ni lágrimas porque en la Torre Cindraor no había sido más que una grieta en el muro y en la Orden le aseguraron que tal vez allí encontraría un propósito. Nadie se molestó en darle más explicaciones.
Al llegar a las Tierras Profundas de Kish’var lo primero que percibió fue el silencio. No era un vacío absoluto sino una calma densa cargada de respiraciones antiguas. El Bosque de Seshara no la recibió con calidez pero tampoco mostró rechazo. Se limitó a medirla y a sopesar su presencia con la misma neutralidad con la que un árbol acepta la llegada de la lluvia o la persistencia de la sequía.
El entrenamiento sin palabras
Las Nagas no la recibieron con ceremonias ni con desprecio. La observaron como a cualquier recién llegada entendiendo que solo era un cuerpo que respira con un ritmo interno y un impulso que podía quebrarse o transformarse. Allí no importaba la magia ni los linajes ni había maestros que se dedicaran a repartir premios o castigos. Solo existían la práctica y la respiración junto a una disciplina que le atravesaba el cuerpo entero. Era un equilibrio que tenía que ganarse cada día. Asha llegó convencida de que estaba vacía por dentro pero las instructoras vieron algo distinto. Vieron a una joven desordenada que sin embargo tenía sitio para algo más.
Lo que despertó
Mientras el resto de las niñas se limitaban a repetir los ejercicios con una obediencia mecánica Asha se quedaba prendada de los movimientos ondulantes que veía en el bosque. Había algo en ella que vibraba con las formas de la naturaleza como si tuviera una serpiente interna a la que todavía no sabía ponerle nombre.
El cambio de verdad ocurrió en la Brecha de Luz que era un claro donde siempre caía un rayo de sol vertical y puro. Allí Asha empezó a respirar con un ritmo que no conocía. Sintió cómo la columna se le aflojaba y la mente se quedaba en blanco mientras una corriente profunda y cálida le subía por todo el cuerpo. No tenía nada que ver con la magia ni con un don familiar y mucho menos con una bendición de los dioses. Era el Kundalini. Aquel era el mismo fuego que Shesha’ra la Naga Primordial enseñó sin necesidad de hablar hace miles de años. Era una energía libre que no le debía nada a ningún apellido ilustre.
Cuando Asha abrió los ojos por fin dejó de sentirse defectuosa. La niña bastarda que arrastraba la culpa de existir se había disuelto y en su lugar solo quedaba alguien que empezaba a escucharse a sí misma de verdad.
Catorce años bajo raíces antiguas
El bosque terminó por moldearla igual que había hecho con tantas otras antes que ella. Su cuerpo se volvió flexible y firme hasta el punto de poder moverse sin dejar ni rastro de su paso. También su mente cambió porque aprendió a distinguir lo que era un simple impulso de lo que era una intención verdadera. Aquella percepción interior que antes le servía solo para esconderse se transformó en su mejor brújula.
Su intuición se volvió tan fina que era capaz de detectar el miedo o la mentira en los demás con solo ver un pequeño gesto. El Kundalini pasó a ser como una serpiente despierta que estaba lista para subir cuando hiciera falta o para quedarse dormida cuando tocara. Asha aprendió a caminar sin hacer sombra y a escuchar antes de abrir la boca sin dejar que el dolor de su pasado le marcara el camino.
Entendió que las Nagas no querían el poder por el poder sino que buscaban el equilibrio. No peleaban por mandar sobre nadie sino para arreglar lo que el mundo había roto. Al final descubrió que ese vacío que tanto la había amargado no era un defecto sino el hueco necesario para que creciera algo nuevo. Era un espacio que en Valdoria con toda su magia y sus linajes jamás habrían sido capaces de reconocer.
La discípula serpentina
A los veinticuatro años Asha se había ganado el respeto de todos en el Monasterio de la Columna Ardiente. No es que llamara la atención solo por ser fuerte o ágil aunque le sobraban las dos cosas. Su verdadera fuerza nacía de cómo entendía el Impulso y la Calma que son los dos pilares del camino de la serpiente.
Nunca tuvo ni rastro de magia pero en la Orden nadie la echaba de menos ni la necesitaba. De hecho el no tener ese poder arcano fue precisamente lo que permitió que su Kundalini brillara con tanta fuerza y limpieza. Había llegado a aquel lugar siendo una niña rota y se marchaba de allí convertida en una Naga.
Regreso a Valdoria
Asha regresó sin esperar nada de nadie. Habían pasado catorce años desde que dejó la ciudad atrás. Catorce años respirando con esa calma ondulante y escuchando su propio fuego interno antes que cualquier ruido del mundo.
A pesar de todo al ver las torres pálidas de Valdoria en el horizonte sintió como si una sombra antigua se le acercara de nuevo. No era miedo ni tampoco nostalgia. Era simplemente la memoria de aquella niña que se había acostumbrado a leer amenazas en cada gesto ajeno.
Pero esa niña ya no existía.
Su respiración se hizo más larga. La columna se le aflojó y la sombra terminó por retroceder.
El recibimiento
Su padre fue el primero en verla. Tenía los ojos cansados y las manos le temblaban como a un hombre que hubiera pasado más tiempo hundido en dudas que tomando decisiones. La abrazó con una mezcla de torpeza y cariño.
Su madrastra no mostró odio sino inquietud. Tenía esa mirada de quien ve regresar un problema que ya daba por resuelto.
Asha no reaccionó porque había aprendido que responder al impulso de una emoción ajena solo sirve para encadenarte a ella. Se limitó a respirar y a observar. Esa calma suya terminó por descolocar a todo el mundo.
Una presencia incómoda
Los Cindraor eran una casa de magos de pura cepa. Ella en cambio pertenecía a algo que ellos ni siquiera sabían nombrar. No tenía magia ni usaba rituales ni necesitaba instrumentos arcanos. Era simplemente un cuerpo que respiraba de otra forma con un ritmo que no encajaba en los registros de su familia.
Pero Asha veía perfectamente lo que los demás preferían ignorar. Notaba el equilibrio roto que recorría cada rincón de la casa. Veía a sus hermanas enfrentadas y los documentos que cambiaban de sitio sin permiso. Sentía esos silencios espinosos que estaban cargados de intereses ocultos y una tensión espesa que envolvía la torre familiar.
Su padre quizás intentando compensar años de cobardía hizo entonces un movimiento que nadie esperaba. No la nombró Guardiana de la Cámara del Tesoro por una cuestión de cariño o por seguir la tradición. Lo hizo porque tras años de susurros y de cosas raras había empezado a sospechar que alguien de la propia familia estaba intentando manipular los sellos de protección inscritos en la cámara del tesoro.
Cualquiera que tuviera magia sería detectado de inmediato por las protecciones de la cámara. Cualquiera excepto alguien que no tuviera ni rastro de ella. Asha era invisible para los rituales de control de la casa y eso la convertía en la única capaz de vigilar sin ser vigilada.
El nombramiento no se hizo público. Fue un gesto discreto y casi clandestino que solo sirvió para que la inquietud de su madrastra fuera a más. Asha lo caló al momento. Aquel movimiento terminaba de romper un equilibrio que ya estaba bajo mínimos. Y en un lugar como Valdoria donde el orden arcano es algo sagrado romper el equilibrio siempre trae consecuencias.
La noche sin luna
Los atacantes entraron sin dejar ni rastro. Conocían de memoria cada pasillo y cada turno de guardia además de todas las trampas mágicas. Para cualquier mago aquello habría resultado imposible de explicar pero para Asha la conclusión estaba clara porque el enemigo dormía en casa.
Las runas de vigilancia no fallaron por un descuido. Las protecciones estaban validadas con sellos de la propia familia y alguien los había usado para desactivar los círculos de defensa creando una falsa apariencia de normalidad. Asha caló el patrón al instante ya que era el mismo sello que su madrastra empleaba para revisar los archivos del Tesoro. Los asaltantes no activaron ni una sola alarma porque técnicamente les habían abierto las puertas desde dentro. Solo la vigilancia silenciosa de Asha evitó que la catástrofe fuera todavía peor.
Su cuerpo reaccionó de forma instintiva. La respiración de serpiente despertó cada uno de sus músculos. La columna le onduló y el Kundalini ascendió por su espalda como un filo invisible.
Peleó sin pizca de rabia ni de miedo con la precisión que solo tiene quien intenta recomponer un equilibrio que ha saltado por los aires. Sin embargo aquello no era un simple robo. Era un golpe en toda regla diseñado para hundir a la casa Cindraor y para acabar con ella de paso.
Su padre murió intentando proteger un cofre lleno de artefactos antiguos. Asha sintió perfectamente cómo se le apagaba la vida. Por un momento el impulso estuvo a punto de controlarla y la serpiente interna quiso subir con una furia ciega. Fue entonces cuando recordó la Doma del Impulso y se aferró a ella con todas sus fuerzas. Pero el golpe definitivo llegó de donde siempre se había temido. Vino desde dentro de su propia casa.
Y entonces cayó inconsciente.
El juicio y el pozo
Cuando despertó la decisión ya estaba tomada.
Nada de lo que oyó después le resultó nuevo. Las declaraciones ante el consejo con las pruebas retorcidas con cuidado y los testimonios ensayados llevaban tiempo listos incluso antes de que la capturaran. Aquello no era un juicio de verdad sino una simple representación. Era el trámite necesario para cerrar un acuerdo entre las ramas de la casa y evitar algo mucho peor que una condena injusta. Los Cindraor no podían permitirse un escándalo público ni una investigación arcana que obligara a nadie a mirar hacia dentro.
El veredicto existía mucho antes de que Asha abriera los ojos.
Para su madrastra ella nunca fue solo un error del linaje sino que con el tiempo se había convertido en un riesgo. Tras la vuelta de Asha, comprendió que aquella muchacha había empezado a ver demasiado. No solo movimientos indebidos o papeles fuera de lugar sino tensiones mal disimuladas y pactos viejos retorcidos para beneficio propio junto a mentiras que dejaban rastro antes incluso de pronunciarse.
Asha no tenía magia pero poseía algo mucho más incómodo.
Leía las emociones con una claridad que desarmaba cualquier máscara y detectaba la falsedad antes de que se hiciera palabra. Para alguien que conspiraba desde las sombras aquello era sencillamente inaceptable. No se trataba de deshacerse de una bastarda sino de eliminar a la única persona capaz de ver la verdad sin necesidad de pruebas.
Como la ley impedía ejecutar a una noble eligieron la solución más limpia que era el Pozo del Destierro. Un final sin sangre y sin preguntas del que no se volvía. Era un lugar que se tragaba nombres y culpas con la misma indiferencia.
La madrastra no sonrió al anunciar la sentencia. Su voz sonó serena y casi compasiva al asegurar que Asha por fin encontraría el silencio que tanto parecía necesitar.
Asha no respondió.
Simplemente respiró y aflojó la columna.
Una Naga acepta lo inevitable pero nunca deja de observar. Mientras la empujaban hacia el torbellino ancestral lo comprendió con una claridad absoluta. No la desterraban por ser débil ni por error o vergüenza. La desterraban porque después de todo no habían conseguido romperla.
Valladolid (Tierra Zero)
El Pozo la escupió como si el mundo la rechazara de golpe. Apareció en mitad de la noche bajo un cielo que no le resultaba familiar y cayó a plomo en el estanque del Campo Grande envuelta en un remolino de agua helada. Durante unos segundos se quedó allí sin saber si estaba viva o muerta o si se había quedado atrapada en algún lugar intermedio.
Era la medianoche del 31 de octubre.
La ciudad estaba a rebosar de máscaras y disfraces con sombras que celebraban su propia parodia de lo que creen que son los monstruos. Asha emergió del agua empapada y confusa convertida en una aparición real entre tantas figuras de plástico. Caminó entre la multitud sin llamar demasiado la atención porque su piel húmeda y su andar silencioso parecían parte de un disfraz que nadie se molestó en descifrar. No entendía nada de aquella ciudad. Se dedicó a leer cuerpos y tensiones pero hubo reacciones que se le escaparon y otras que interpretó mal. Aprendió rápido aunque no sin llevarse algún que otro golpe.
Su Kundalini ardía con más fuerza que nunca. En un mundo donde no había ni rastro de magia su energía interna brillaba con una intensidad que casi le dolía. Aquella primera noche de exilio encontró refugio bajo un puente del Pisuerga donde el sonido de la corriente le recordó vagamente al río Písano de su tierra. Durmió allí sintiéndose perdida pero no derrotada.
La primera semana se le hizo cuesta arriba aunque no fue imposible. Se acostumbró pronto a los sonidos nuevos y a palabras que no había visto escritas en su vida. No llegaba a comprenderlo todo pero sí lo suficiente para ir tirando. Y sobre todo lo bastante para reconocer una injusticia en cuanto la tenía delante.
Una noche escuchó gritos y el estruendo de unos caballos metálicos junto a un fuerte olor a miedo que flotaba en el aire. Un grupo de motoristas estaba arrastrando a una chica hacia una furgoneta. Asha no entendía los insultos pero reconocía la violencia en cualquier idioma.
Se acercó sin dudarlo ni un segundo. Los motoristas pensaron que era una loca pero tardaron muy poco en darse cuenta de su error. El Kundalini se encendió y Asha se movió con la fluidez de una sombra líquida. Golpeó con una precisión de serpiente y los tumbó a todos antes de que pudieran entender qué estaba pasando. La chica logró escapar pero Asha no tuvo la misma suerte. La policía apareció entre sirenas y se la encontró allí mismo rodeada de cuerpos y motos sin papeles y sin una explicación lógica que dar. Terminó detenida.
Actual Play: Nueva Ciudad, Nueva Aventura
Pasó dos noches en el calabozo. El juez que estaba desbordado por todas las detenciones de Halloween decidió dejarla libre con varios cargos menores por agresión y resistencia a la autoridad junto a una acusación que se le quedaría grabada, “Desobediencia o interferencia en la actuación policial”.
Salió a la calle sin nombre y sin un mundo al que volver. Pero salió con un propósito. Asha no tiene un plan cerrado pero sí un rumbo claro. Intenta entender cómo funciona este sitio sin dejar que la ciudad se la trague. Busca aliados aunque no los llame así y aprende cuándo tiene que intervenir y cuándo es mejor quedarse a un lado.
A veces la soledad le pega más fuerte de lo que esperaba pero otras veces la acepta como una etapa más del camino. No sabe cuánto tiempo estará aquí ni a dónde llegará pero tiene claro que si algún día encuentra la forma de volver a Terra lo hará con la mente limpia y la espalda ligera. No querrá derrotar a nadie sino simplemente evitar que la fractura que otros crearon termine por romper su propio equilibrio.
Cada noche en estas calles es una oportunidad para afilar los sentidos y leer las tensiones del mundo antes de decidir si debe actuar. Una Naga nunca tiene prisa ni busca la venganza. Una Naga simplemente avanza porque respira. Y Asha sigue respirando.
Año 1 (Tierra Zero)
El primer año de Asha en este mundo no tuvo nada de heroico.
Tras el incidente con la banda de motoristas, la policía no volvió a olvidarse de ella. No la persiguieron de forma abierta, pero tampoco la dejaron en paz. Su nombre quedó registrado en alguna base de datos y, con cada pequeña intervención, el margen de maniobra de Asha se reducía. Ella lo detectaba de inmediato en las patrullas que aparecían con excesiva rapidez o en esas miradas que se prolongaban más de la cuenta. Eran interrogatorios que no buscaban respuestas, sino solo confirmar que ella seguía bajo vigilancia.
Durante un tiempo durmió en el Campo Grande. Le gustaba ese lugar por el agua y los árboles antiguos que le hacían sentir que estaba en un espacio vivo. No descansaba bien, pero al menos allí su respiración era más fluida, hasta que los fae que habitaban el parque empezaron a mostrar su incomodidad. No hubo una expulsión directa, fue más bien una invitación muda a buscar otro sitio. Asha lo entendió al instante. Cuando un lugar deja de acogerte, quedarse es romper un equilibrio que no te pertenece, así que se marchó sin protestar.
Probó suerte cerca del río, moviéndose por distintos tramos y parques, siempre buscando la cercanía del agua. Allí la ciudad parecía menos agresiva, como si la corriente se llevara parte del ruido. Vivía con lo mínimo y cambiaba de ubicación cuando era necesario..
Aun así, adaptarse a este entorno le resultaba muy difícil. No por el peligro, sino por la naturaleza de la gente. Aquí todo transcurría con demasiada prisa y las relaciones eran intensas pero frágiles. Había demasiadas palabras y muy poco espacio para el silencio. Asha observaba y escuchaba, pero le costaba establecer vínculos. La amistad no era una disciplina que pudiera perfeccionarse mediante el entrenamiento, y la soledad pesaba de una forma distinta en un mundo extraño.
Su encuentro con el semidiós no tuvo solemnidad alguna. Fue una conversación incómoda y casi casual en un lugar sin importancia. Él representaba a la Fundación Divina Mundial, una organización que Asha aún no conocía pero que la mantenía bajo observación desde el momento de su llegada.
Tenían localizado su punto de entrada y sabían de la aparición de alguien que no encajaba en sus registros. Alguien sin rastro de magia, pero con una disciplina física y una energía que no pertenecían a esta realidad. Optaron por no intervenir y esperar a ver cómo evolucionaba. Al comprobar que Asha no pretendía imponerse ni ocultarse por completo, sino que intentaba convivir a pesar de su desconcierto, decidieron dar el paso.
La propuesta fue directa: un techo y estabilidad a cambio de su colaboración. Requerían sus aptitudes para el combate y su experiencia con entidades que no deberían estar en este plano. Sin promesas vacías ni discursos sobre la pertenencia. Solo una estructura clara.
Y Asha aceptó.
Al principio, las instalaciones de Las Francesas le resultaron extrañas por el exceso de muros y líneas rectas, pero también le proporcionaron un orden necesario. Encontró ritmos claros y un lugar donde deponer las armas sin sentir que perdía su integridad interior. Recuperó el sueño profundo y la tranquilidad durante las comidas.
Ahora intenta algo que nunca le resultó sencillo, integrarse bajo sus propios términos. Busca regularizar su estancia y comprender las normas de este mundo sin permitir que la dobleguen. Quiere ganar aliados sin mimetizarse con ellos y establecer contactos sin comprometer sus principios. Y, sobre todo, busca mitigar esa sensación de aislamiento.
No es un proceso exento de dificultades. Asha continúa midiendo cada uno de sus gestos y observa mucho más de lo que habla. No ha otorgado su confianza plena, y es probable que nunca lo haga del todo, pero al menos cuenta de nuevo con una estructura que la sostiene. Por primera vez desde su caída en Valladolid, no siente que solo esté sobreviviendo.
Siente que, quizá, está empezando a habitar este mundo de manera legítima.
Año 2 (Tierra Zero)
El segundo año de Asha en Valladolid ha traído consigo una estabilidad que antes le parecía imposible. Bajo el amparo de la Fundación Divina Mundial su situación ha dado un giro radical y ha dejado atrás la incertidumbre de los parques para asentarse en un pequeño espacio propio dentro de las instalaciones de la organización. Ya no es una desconocida sin rastro legal porque la Fundación le ha proporcionado una cobertura legal que le permite moverse sin el miedo constante a ser tratada como una indocumentada.
Esta nueva seguridad le ha permitido abrirse a los demás de una forma distinta. En su trabajo para la Fundación ha comenzado a colaborar con otros metahumanos en diversas investigaciones y esa experiencia de compartir misiones con seres que también se salen de lo común la ha ayudado a entender mejor este mundo. Ha pasado de la observación solitaria a la cooperación activa y aunque sigue siendo una mujer de pocas palabras ahora tiene rostros conocidos a los que acudir.
Sin embargo Asha ha sentido la necesidad de no limitar su vida a los muros de la Fundación. Para mantener su independencia y seguir explorando la ciudad por su cuenta ha empezado a frecuentar el Mercado del Pasaje. Allí en ese ambiente más cercano y cotidiano ha encontrado un lugar donde encajar. Ya no es una sombra que pasa desapercibida porque ahora cuando cruza el umbral de algunos locales los comerciantes y habituales la saludan por su nombre con una familiaridad que ella agradece en silencio.
En este entorno ha empezado a realizar pequeños trabajos por encargo aprovechando su capacidad para leer a las personas y su destreza física. Ya sea localizando objetos perdidos buscando a personas que no quieren ser encontradas o actuando como guardaespaldas en situaciones delicadas Asha ha demostrado una eficacia impecable. Estos encargos le dan una libertad que valora profundamente y le permiten poner a prueba su Kundalini fuera del control institucional.
Asha se siente mucho más cómoda en Valladolid. Sigue siendo reservada y mantiene su mirada de Naga que todo lo analiza pero el peso de la soledad ha empezado a aligerarse. Ha encontrado un propósito y un sitio donde sus habilidades tienen sentido. Ya no solo está de paso ni se siente una extraña en el exilio porque por primera vez desde que cayó en el estanque del Campo Grande siente que tiene algo que hacer aquí.
La Naga
Asha de Cindraor
Origen
Historial
Características
Resumen de Combate
Datos de Combate
- Inconsciencia9
- Recuperación2 PV/h
- Resistencia a gases y venenos35%
- Modificador de fuerza1d10
- Peso Levantado500kg
- Daño absorbido físico15
- Daño absorbido mental40
- Modificador de impacto40
- Modificador Psionico30
- Parada Fisica50
- Parada mental75
- Salto (alto / largo)3,7m / 11,0m
Habilidades Generales
- Acechar/Discrección(AGI+PER)/2130%
- Comb. cuerpo a cuerpo(AGI+PER)/2110%
- Conocimientos generalesINT/319%
- Esconderse(AGI+PER)/455%
- IdeaINT/271%
- Influencia(INT+APA)/2121%
- Idioma nativoINT102%
- Investigar(INT+PER)/370%
- Lanzar(FUE+PER)/2105%
- Primeros auxiliosINT/251%
- Suerte(PER+VOL)/453%
- Trepar y SaltarAGI130%
Habilidades de Aprendizaje
- Artes Marciales(AGI+PER)/383%
- Rastrear(INT+PER)/453%
- ContemplaciónVOL/251%
- Armas blancas(AGI+PER)/373%
- Otro idioma: KishvariINT/354%
- Supervivencia: BosqueINT/251%
- Arma Especial: Khopesh(2xPER)/393%
- Arma Especial: Sheng Biao(2xPER)/373%
Armas
Objetos Mágicos
Tabla de Objetos (Terrano)
Traumas
- Manipulador"Desde mi niñez he sido manipulada por intrigas de la corte y mi madrastra ha confabulado contra mi, he descubierto que las palabras tienen mas poder que los hechizos y las espadas. Los uso en contra de los que se aprovechan de la gente cuando esta debil y desprotegida para evitar lo que me paso a mi."
- Artista Marcial con Chi"En las tierras profundas de Kish’var la orden de las Nagas me enseño a dominar mi cuerpo y mente, a usar el poder de mis adversarios contra ellos y a entender que el unico enemigo al que debo enfrentarme esta dentro de mi."
Notas y Descripción
Chi 7 veces al día
Cuando usa su chi en su cuerpo este adquiere un brillo verdoso
El Khopesh se ilumina al colpear cuando esta cargado con chi
Suele usar el Sheng Biao como ayuda para moverse entre azoteas y zonas elevadas