Master Machine

Mikhail Antonov

Master Machine nació como Mikhail Antonov en Novosibirsk, en los últimos años de la Unión Soviética. Hijo de un ingeniero militar y una profesora de matemáticas, creció entre piezas de radio, viejos ordenadores soviéticos y laboratorios medio abandonados donde todavía se respiraba la paranoia de la Guerra Fría. De niño desmontaba cualquier aparato que caía en sus manos. A veces lo volvía a montar. A veces no. Su padre decía que aquello no era curiosidad, sino una enfermedad.

Durante los años noventa sobrevivió como pudo. La caída de la URSS dejó a muchos científicos vendidos al mejor postor y Mikhail aprendió rápido que el talento valía más en el mercado negro que en cualquier universidad. Trabajó para oligarcas, mafiosos y pequeños programas militares privados. Diseñó drones antes de que se pusieran de moda, prótesis experimentales y sistemas de combate autónomos. Nunca le interesó la ideología. Solo quería demostrar que la máquina podía superar al hombre.

Con el tiempo dejó de verse como un ingeniero y empezó a considerarse algo más cercano a un arquitecto de la evolución humana. Decía que el cuerpo era un accidente biológico mal diseñado y que el futuro pertenecía a las maquinas. Ahí nació el nombre de Master Machine.

Sus primeros golpes no fueron especialmente violentos. Robos de tecnología, sabotajes industriales, secuestros de expertos. Pero cada año iba más lejos. Empezó a crear drones autónomos capaces de tomar decisiones letales y desarrolló cuerpos mecánicos controlados a distancia mediante redes neuronales. Algunos gobiernos del Este llegaron a utilizar prototipos suyos en conflictos que oficialmente nunca existieron.

Su caída llegó cuando intentó robar tecnología experimental en Madrid. El objetivo exacto nunca trascendió del todo, aunque se hablaba de sistemas militares autónomos, IA táctica y armamento de nueva generación desarrollado en colaboración con varias empresas europeas. El asalto provocó apagones, sabotajes automatizados y ataques coordinados de drones sobre varios puntos de la ciudad antes de que fuese finalmente capturado por Los Irregulares.

Pero lo que terminó convirtiéndole en una figura legendaria fue lo ocurrido durante el juicio. Debido a la gravedad del caso y a la presión mediática, la vista tuvo que ser retransmitida por televisión. Master Machine apenas habló durante las primeras sesiones. Parecía tranquilo. Incluso derrotado. Nadie sospechó que estaba utilizando su propia comparecencia pública para ejecutar un plan de fuga.

Aprovechando las cámaras y la retransmisión en directo, logró enviar un código cifrado oculto en una secuencia de gestos y frases aparentemente inconexas. Aquella señal activó varios drones ocultos en distintos puntos de Madrid, preparados desde meses atrás para responder únicamente a una orden concreta.

Varios drones de combate impactaron contra el edificio judicial mientras otros inutilizaban vehículos policiales, cámaras y sistemas de seguridad. Durante unos minutos el caos fue absoluto. Humo, disparos, cristales rotos y retransmisiones cortadas en directo mientras Master Machine conseguía abandonar la sala en mitad de la confusión.

Fue interceptado por Los Irregulares en las inmediaciones del edificio judicial, cuando intentaba alcanzar un vehículo automatizado preparado para extraerle de la ciudad. Desde entonces permanece recluido en una prisión de alta seguridad. No tiene acceso a comunicaciones externas. No puede acercarse a ningún dispositivo electrónico. Su celda está aislada mediante sistemas analógicos y blindaje electromagnético permanente.