Epsilon Eridiani
Eneas Aoubert Eridani
Epsilon Eridiani es el actual monarca de Transjastán, un pequeño país situado al sur de Uzbekistán, una franja de tierra pobre en apariencia pero estratégica por lo que esconde bajo el suelo, un metal de increíbles propiedades conocido como Strenium. Durante décadas fue un lugar irrelevante para el resto del mundo. Eso cambió con él.
Eridiani llegó al poder por primera vez en 1966, tras liderar personalmente una revuelta anticomunista que mezcló nacionalismo, culto a la personalidad y viejas lealtades tribales. No fue un alzamiento espontáneo. Contó con apoyos contradictorios y oportunistas, incluida una ayuda encubierta de la propia Unión Soviética y un pacto informal entre varios monarcas de la región, más interesados en la estabilidad que en la ideología. Aquel primer reinado fue breve, tenso y marcado por purgas internas, pero suficiente para construir su mito.
Durante años se le dio por derrotado, hasta que en 1994 fue derrocado de forma definitiva en una operación internacional conjunta en la que participaron fuerzas estadounidenses, rusas y europeas. No fue una simple intervención militar. Fue un mensaje. Transjastán no podía permitirse un líder impredecible en una región que empezaba a atraer demasiadas miradas.
Eridiani sobrevivió. Y desde ese momento dejó de comportarse como un rey caído para convertirse en algo más peligroso.
Tras su caída declaró la guerra abierta, aunque nunca formal, a Europa, Estados Unidos, Rusia y a cualquiera que considerase responsable de su expulsión. Comenzó una campaña de terrorismo global marcada por golpes espectaculares y difíciles de atribuir directamente. La destrucción del puente de San Francisco en 1995 fue el primero y el más simbólico. En 1996, los tsunamis artificiales que estuvieron a punto de arrasar zonas enteras de Japón dejaron claro que no se trataba solo de venganza, sino de demostrar capacidad tecnológica y voluntad de causar miedo a escala planetaria. Hubo otros ataques. Muchos más. Algunos jamás se pudieron probar, aunque pocos dudaban de su autoría.
Paradójicamente, el pueblo de Transjastán mitificó a su antiguo rey cuando otras potencias comenzaron a esquilmar los yacimientos de Strenium descubiertos durante su reinado. Mientras tanto, títeres de gobiernos extranjeros utilizaban el dinero del país en beneficio de intereses ajenos. Aquello consolidó la figura de Eridiani como símbolo de resistencia. Desde el exilio pasó a ser conocido como La Estrella, el hombre que se había enfrentado al mundo entero y había sobrevivido. En Transjastán su nombre se cantaba en canciones, y sus supuestas victorias contra el imperialismo extranjero se susurraban en reuniones clandestinas de rebeldes que esperaban su regreso.
Su obsesión nunca cambió: recuperar el poder y controlar personalmente los yacimientos de Strenium, el verdadero corazón económico y estratégico del país.
En 2006 logró finalmente volver al poder. No como el tirano aislado de los años sesenta, sino como un líder endurecido, calculador y plenamente consciente del tablero global. Durante la Tecnoguerra supo jugar bien sus cartas. Ayudó cuando convenía, guardó silencio cuando era prudente y se presentó como un aliado incómodo, pero necesario. Su imagen internacional mejoró lo justo para que muchos prefirieran tolerarlo antes que intentar derribarlo de nuevo.
Poderes
Eridani parece vestir una armadura tecnológica muy avanzada lo que le implementa la fuerza, constitución y percepción (visual y auditiva) a niveles sobrehumanos. Por otra parte, es capaz de controlar a bajo nivel fuerzas mentales. Se desconoce el origen y alcance definitivo de sus poderes, aunque parece tratarse de un mutante ya que ha realizado ofrecimientos públicos a varios famosos congéneres para que se le unan en sus objetivos.