Emiago

Emiago es el demonio encargado de la vigilancia y la recopilación de información. Su tamaño reducido y su aspecto casi insignificante hacen que muchos lo subestimen, un error que rara vez se comete dos veces. Pequeño y escurridizo, se desliza con naturalidad entre sombras, grietas y espacios olvidados, espiando tanto en el interior de la Corte como en el mundo humano.

Su apariencia es engañosa. A simple vista parece inofensivo, incluso ridículo, pero Emiago es un depredador letal. El más leve contacto con su piel provoca un dolor insoportable, una reacción inmediata y paralizante que convierte cualquier intento de capturarlo en una experiencia traumática. No necesita garras ni armas. Su cuerpo es suficiente advertencia.

Emiago observa, escucha y recuerda. No solo recopila información, la ordena, la cruza y la guarda durante siglos si es necesario. Conoce secretos que nadie más recuerda haber contado y detalles que ni siquiera los protagonistas de ciertos hechos creen relevantes. Se mueve sin dejar rastro, aparece donde no debería estar y desaparece antes de que alguien pueda reaccionar.

Su lealtad es tan resbaladiza como su cuerpo. No responde a jerarquías ni se vincula a ninguna figura de poder dentro de la Corte. Solo reconoce una excepción. Alice. A ella le transmite directamente todo lo que descubre, sin intermediarios ni filtros. Nadie sabe por qué confía en ella ni qué acuerdo existe entre ambos, pero nadie lo cuestiona abiertamente.

Su papel es esencial para mantener el control interno. Gracias a Emiago, los secretos rara vez permanecen ocultos durante mucho tiempo. Traiciones, conspiraciones y errores salen a la luz antes de que puedan convertirse en amenazas reales. La Corte puede prescindir de muchas cosas, pero no de unos ojos que siempre estén abiertos.

Y Emiago nunca duerme.