El Terror de Mangel
Es un demonio aterrador cuya existencia ha estado marcada por siglos de encierro. Sus propios congéneres lo confinaron tras cometer crímenes tan graves que ni siquiera el Infierno estaba dispuesto a tolerarlos. No fue un castigo rápido ni piadoso. Fue aislamiento. Tiempo infinito sin voces, sin combate, sin propósito.
Ese encierro prolongado destrozó su mente. Eón tras eón, Mangel fue perdiendo cualquier rastro de identidad compleja hasta involucionar en algo mucho más simple y peligroso. Hoy no razona ni negocia. Es una entidad implacable, impulsada por un único instinto. Cazar. Destruir. Arrasar todo lo que se cruce en su camino, sin distinguir entre aliados, enemigos o meros espectadores.
Actualmente, Mangel permanece bajo la vigilancia constante de Alice. Ella lo mantiene atado, no por compasión ni por control absoluto, sino porque entiende mejor que nadie lo que ocurre cuando se le suelta. Mientras permanece contenido, Mangel es poco más que una presencia latente, una amenaza dormida que se percibe incluso en silencio.
Pero cuando Alice es atacada o alguien se interpone directamente en sus designios, el Terror de Mangel es liberado. No como una advertencia, sino como una respuesta definitiva. Entonces se desata una ola de destrucción ciega y violenta que no puede ser detenida una vez iniciada. Edificios, criaturas y planes cuidadosamente trazados quedan reducidos a escombros en cuestión de instantes.
Su furia es tan absoluta que incluso los miembros más poderosos de La Corte Itinerante temen su despertar. No porque Mangel sea astuto o estratégico, sino porque no lo es. No se le puede manipular, ni engañar, ni apaciguar. Solo esperar a que vuelva a ser encadenado… si alguien sobrevive lo suficiente para lograrlo.