Little Red Wolf
María Jiménez Fuentes
María Jiménez Fuentes acababa de casarse. Había encontrado a la mujer con la que quería compartir el resto de su vida y, por una vez, todo parecía encajar. Decidieron pasar la luna de miel en una villa apartada, cerca del monte Liceo, un lugar tranquilo donde nadie las conocía y donde el mundo parecía quedar lejos.
Fue allí donde María empezó a notar algo distinto. Siempre había convivido con cambios de humor intensos, arranques de ira seguidos de periodos largos de tristeza. Lo conocía bien y había aprendido a esconderlo. Pero aquello no era lo mismo. Era un ansia profunda, física, imposible de ignorar. Una tensión que crecía con cada noche y que no encontraba alivio.
Con la llegada de la luna llena, el lobo despertó de forma violenta. No fue una transformación silenciosa ni controlada. Fue un estallido. Su verdadera naturaleza se mostró ante la persona a la que más amaba. María consiguió huir antes de perder el control por completo. Se internó en el monte, alejándose de la villa, decidida a no hacer daño a nadie. Cuando recuperó su forma humana, el miedo la golpeó con fuerza. Miedo a sí misma, pero sobre todo al rechazo de la mujer que amaba.
Pasaron varios días antes de que reuniera el valor suficiente para volver. Una semana entera de dudas, culpa y silencio. Cuando regresó a la villa, su esposa estaba allí, esperándola. Se abrazaron, se besaron y María escuchó las palabras que necesitaba oír. No pasaba nada. Todo iba a ir bien. Compartieron una copa de vino y, poco a poco, la realidad se volvió borrosa.
La droga empezó a hacer efecto.
María comprendió demasiado tarde que había sido traicionada. Fue entregada a cazadores que la mantuvieron cautiva durante semanas. La interrogaron, la torturaron y finalmente la exhibieron como una rareza en una subasta de la dark web. Encadenada y humillada, perdió cualquier noción del tiempo. Solo la luna llena le devolvió una oportunidad. En una noche de sangre y caos logró escapar.
Regreso furtivamente a su hogar en España, consumida por el dolor y la rabia. Convencida de haber sido vendida por la persona a la que más quería, la encontró y la mató en un arrebato de odio y desesperación. No hubo palabras. Solo furia.
Mientras recogía sus cosas antes de huir para siempre, algo no encajó. Entre papeles y objetos personales encontró informes policiales, recompensas por pistas sobre su paradero y un billete de avión de vuelta a España fechado dos días antes de su captura. Su esposa nunca había estado allí. Nunca la había traicionado. Seguía buscándola.
Alguien se había hecho pasar por su amada para tenderle una trampa.
La comprensión llegó demasiado tarde. María había matado a la única persona que la aceptó tal y como era. Incapaz de asumirlo, huyó sin rumbo, rota por la culpa y consumida por una sed de venganza que ya no distinguía entre justicia y castigo.
Fue en ese estado cuando la encontró Julián Provencio. No le ofreció consuelo fácil ni promesas vacías. Le habló de justicia, de cazadores y de quienes comercian con monstruos creyéndose a salvo. Le ofreció una oportunidad. No para olvidar, sino para devolver cada herida.
María aceptó. No porque creyera merecer redención, sino porque ya no tenía nada más que perder. Ahora formaba parte de La Legión Sangrienta.