Pesanta
Un ser atrapado entre dos mundos, alimentado por los sueños de otros y condenado a existir como una sombra de lo que alguna vez fue. Así ha sido Pesanta durante siglos. Su presencia se ha deslizado por el umbral del sueño, atormentando el descanso de los mortales y alimentándose de sus miedos más profundos. No caza cuerpos, caza temores. Su esencia crece a partir del sufrimiento de quienes duermen.
Durante generaciones fue un depredador nocturno libre, intangible, difícil de rastrear y casi imposible de detener. Su caída comenzó cuando un terrano conocido como Medianoche visitó Tierra Zero. Consciente de la amenaza que representaba Pesanta, logró algo que pocos creían posible. Atarlo a un cuerpo físico con la intención de destruirlo definitivamente.
El plan no salió como esperaba. Pesanta, desesperado y astuto, consiguió escapar en el último momento. Saltó de un cuerpo a otro, como un huésped indeseado que nunca termina de marcharse. Desde entonces su existencia quedó limitada. Solo puede manifestarse cuando el anfitrión se sumerge en el sueño, emergiendo en ese estado frágil entre la vigilia y el descanso.
En sus vagabundeos nocturnos conoció a Lamia, otra entidad condenada a vagar en cuerpos ajenos. Entre ambos surgió una alianza basada en la necesidad y la promesa de libertad. Lamia le aseguró que encontraría a un mago capaz de romper sus ataduras, de devolverle una existencia sin cadenas ni dependencias. Pesanta la sirvió con devoción, aferrándose a esa esperanza.
Cuando Lamia desapareció, todo se desmoronó. Pesanta quedó sin guía, sin propósito y sin rumbo. La desolación empezó a devorar su esencia, debilitándolo poco a poco, llevándolo al borde de la disolución. Cada noche era más corta. Cada miedo, menos nutritivo.
Fue entonces cuando apareció Shiafo, un ser de otra tierra, distinto a su antiguo enemigo. Shiafo capturó el cuerpo físico al que Pesanta estaba ligado y lo sumergió en un estado de sueño perpetuo dentro de una realidad periférica. Un limbo estable que le permite existir de forma continua, sin depender del ciclo natural del descanso.
No fue un acto de compasión. Shiafo tenía sus propios fines.
Al mantener el cuerpo de Pesanta atrapado en ese sueño eterno, lo ató a su voluntad. Cada pensamiento, cada manifestación y cada acción quedaron sometidos a sus órdenes. Pesanta, que durante siglos se alimentó del miedo ajeno, es ahora esclavo. Ya no acecha desde la oscuridad por voluntad propia. Sirve.
Atrapado. Consciente. Y obligado a obedecer a un nuevo amo.